11:11 a.m. | 01/02/2012 |
Reportado por: Mercedes Solano
El día que no vi el Ávila
Aquel día amaneció esperando que fuera como cualquier otro día,al levantarme me fui a la cocina por mi acostumbrado cafecito, con él en la mano me recosté en mi ventana para ver el pedacito de Avila que algunos edificios frente a mi casa aún me permiten ver,paisaje hermoso,imponente,verde vida que nos regaló nuestro Señor.Pero terrible fue mi sorpresa cuando vi que no estaba El Ávila,¡oh no!, me dije... ¿Qué pasó? No estaba frente a mis ojos ese pedacito de Ávila que solía admirar,miré hacia la calle y la gente andaba apurada como siempre, despreocupada de su entorno y concentrada en sus actividades,no había nada en el ambiente que denotara el por qué no estaba allí mi hermosa montaña.Bajé las escaleras lo más rápido que pude, al compás del fuerte latido de mi corazón,que presuroso latía por las emociones que me embargaban,salí a la calle y presurosa fui hacia San José para ver si desde allí divisaba el Ávila y no,no estaba,miraba a las personas y parecía que nadie se percataba de su ausencia,indiferentes continuaban su camino, sólo yo notaba aquella triste ausencia, entonces me pregunté ¿por Dios, nadie lo extraña?, ¿a nadie le importa,a nadie? Entré a casa y busqué en Internet alguna noticia sobre la desaparición de El Avila y no conseguí nada,¿era que sólo mis ojos notaban esto?,qué me pasa, pensé. Me fui hasta el Waraira y sí estaba el funicular, me subí en él y mágicamente subió sujeto en no se qué,sólo se veía el mar más no El Ávila, mi tristeza fue grande,lloré lo que consideré perdido,luego bajé y me fui a casa,mi esposo sorprendido me miraba,lo vi con preocupación y le dije: "Amor, sabes que se perdió el Ávila"; y el me dijo: "Tranquila amor verás que mañana estará nuevamente en su lugar, sólo fue a visitar a sus amigos en otras tierras y quería que los caraqueños sientan su ausencia para que aprendan a amarlo y cuidarlo,pero sólo tu notaste su ausencia, prevaleciendo la indiferencia colectiva, ya que estamos tan acostumbrados a verlo que ya ni lo miramos y nos damos el lujo de ir depredándolo de a poquito sin medir las consecuencias de nuestras acciones,cuando no tengamos ese verdor maravilloso,ese oxigeno que nutre nuestras vidas cada día,recién lloraremos la pérdida de lo que tantas veces ignoramos,momento que será tarde para recomponer las insanas acciones de unos cuantos que ven sólo sus intereses personales". Mi esposo tenía razón, al día siguiente ví por mi ventana al bello y majestuoso señor verde, señor de señores, mi Ávila de siempre.