11:23 a.m. | 09/06/2012 |
Reportado por: Carmelo González

El liderazgo y la lucha de poderes
Muchos líderes gozan primeramente de autoridad funcional que les da sus jerarquías, grados, nombramientos o cargos administrativos, pero muchas veces se olvidan de la autoridad basada en el conocimiento, que viene siendo la experiencia que posee para trasmitir confianza y dirección a los subordinados, por otra parte está la moral que lo hace ver como alguien apegado a las normas establecidas o a las razones que los demás aceptan como importantes. Ahora bien, valiéndose de la primera autoridad, algunos imponen sus órdenes por encima de los criterios y principios que les da la moral y la experiencia. Es allí donde nace el enfrascamiento en las luchas de poder, que hace al líder incapaz de dirigir, imposibilitando su don de mando y conducción y desquebrajando su autoridad e imagen ante los demás.
La frase “el líder no se enfrasca en luchas de poderes, porque su autoridad es moral” (cita requerida), constituye un principio básico. En este sentido, si el poder es un tipo de autoridad, entonces la moral es uno de los grandes poderes que existe en la humanidad, puesto que, con ella, se asume el poder sin ningún prejuicio y se ejerce la autoridad sin ninguna resistencia.
Cuando se habla del liderazgo en las organizaciones empresariales, este tema es altanamente efectivo en cuanto a su contenido. ¿Cuántos enfrentamientos no se han presentado motivados a esas luchas de poderes que nacen de la ignorancia, la inexperiencia y la inmoralidad de los “líderes” de hoy día?
En cuanto a las organizaciones con disciplina castrense, la situación es mucho más delicada. En estas, el hecho de que exista la metodología de “ordene y entendido”, que es lo mismo a decir: mando y cumplimiento sin novedad alguna, no se pone en “jaque mate” el subordinado sino al superior o jefe inmediato. Aquí, en situaciones de alto contraste, aumenta la tensión y con ella el stress y la cólera entre el personal cada vez que, por la ausencia de moral y experiencia para mandar (ordenar) y comandar (conducir), se generan conflictos por las mismas luchas de poderes existentes. Esta situación de conflicto aumenta cada vez que la autoridad funcional se impone a toda costa por encima del ejemplo y la capacidad de conducción del “mandante”.
Uno de los grandes principios de todo líder viene representado por el hecho de no exigir lo que no es capaz de dar. Sino cumple con este principio no debería estar, jerárquicamente, por encima de los demás. En la medida de que el líder “disfuncional” exige, ordena, manda, no da el ejemplo y mucho menos cumple con aquello que le critica y le confronta a sus súbditos, van apareciendo las luchas de poderes dentro del entorno. Es allí donde nacen los enfrentamientos internos, la indisciplina y se acrecienta la inmoralidad en los niveles más bajos. Lcdo. Carmelo González