07:28 p.m. | 08/02/2011 |
Reportado por: Brando Parson
El pecado del Pescado
Todas mis vacaciones de julio y agosto fueron en el hato de mi tío Julio Abel. Ahí hacía todas las faenas de los obreros y esto me parecía toda una hazaña, ya que era un carajito de la ciudad. Mis primos, que eran unos todos unos “vegueros” siempre me ponían los retos más difíciles de hacer, cada vez que iba para allá. Una vez tuve que arrear más de 100 toros y pasarlos al otro lado del río, solo con un obrero y a caballo, cuando no llegaba aún a los 9 años. De los 100 toros solo arribaron 23 conmigo, el resto duraron más de 15 días en encontrarlos.
La burla de mis primos y mis tíos fue grande. Un día ya con 17 años encima, estando en la finca en una Semana Santa, mi tía Juanita preguntaba quién iría a pescar este año, sabes para no comer carne en esos días santos. Entonces mi primo Nelson, en paz descanse, me postula para tal encargo. Todos se echaron a reír. Me sentí tan ofendido que acepté el reto. Al día siguiente, antes que el sol saliera y antes que los gallos cantaran, tomé la atarraya de Pablo Chipa, capataz del hato. Agarré un machete, una pimpina de agua de limón, me hice dos arepas burreras de periquito, tomé las llaves de la Toyota y me fui al río Arauca a tres horas de camino. Llegué al sitio donde todos pescaban, todo el mundo se me quedó viendo, como si viniese de la ciudad. Señalé al más veterano de zona y le dije, tú el del sombrero pelo e guama, en cuánto me vendes ese saco de Coporo (Pez típico de zona), este me dijo, 100 bolívares. Solo me quedan 50 bolos en la cartera. El hombre aceptó. Monté casi 20 kilos de peje en la camioneta y me devolví a la finca poco a poco y saludando algunos panas. Tomándome algunas cervatanas bien heladitas en la vía, para hacer tiempo de lo que había pescado con la atarraya. En horas de la noche arribé a la casa con el mandado hecho. Todos mis tíos y mis primos se comieron la cova y también a ese rico pescado del Arauca. Jajaja...aun me río…del pecado del río…