11:00 a.m. | 19/04/2012 |
Reportado por: Eliza Pérez
Él y Ella
Y fue en ese momento cuando sus miradas se cruzaron, ya él tenía rato viéndola, pero sus ratos eran los ratos. Ella no se sentía incómoda, al contrario, quería hacer lo mismo, pero no podía, ya que él se quedaba fijamente viéndola, como si estuviera admirando una escultura. En sus ojos había cierto remordimiento, pero felicidad, él parecía estar viendo a la mismísima Afrodita en persona, la admiraba con devoción. ¿Y quien no miraría a esa chica especial? Era toda una belleza, sus ojos no la querían perder de vista, cuando ella se movía, sus ojos también y si desaparecía de su vista, él se levantaba a buscarla, no soportaba no tenerla en la mira, él sabía que ella era suya y no la quería perder. En la mente de ella pasaban todo tipo de cosas, estaba feliz y triste; emocionada y miedosa, sentía el antónimo de esas cosas positivas, porque eso es lo que es sentir el amor. Una simple emoción que nos da felicidad, pero que de esa misma, nos duele, porque tenemos a la persona, pero no lo suficiente. Ella estaba enamorada y sabía lo que eso significaba, al igual que él, los dos sentían el corazón palpitar y eso era un placer que ellos dos tenían en común. Él tomó el valor de toda la noche y se acercó para hablar con ella. Ella estaba que no cabía de la emoción, aceptó la invitación con una sonrisa en el rostro y salieron a dar un paseo con la luz de la luna, hablando sobre la filosofía en cuestión y gustos musicales.