12:04 a.m. | 01/04/2011 |
Reportado por: Alan Zurra

Extraños carnavales
La verdad que mi suegro es un viejo muy hostil. Es extremadamente serio. Cada vez que habla, juzga como un juez, sentenciando las actitudes de su esposa, hijos, hijas y algunos otros familiares. Todos le tenemos miedo, ya que su voz es gruesa y cada vez que habla, la tierra tiembla.
Es un tipo duro y su contextura le ayuda, ya que es corpulento y usa barba canosa al estilo Kenny Rogers. La verdad que él no me dirigía la palabra, ya que siempre se opuso a nuestro matrimonio. Me aceptaba en su casa porque que yo era el padre de sus nietos.
Un carnaval, a mi suegra se le ocurre la fastuosa idea de hacer una fiesta de disfraces en su casa de La Guaira. Invitó a todo el mundo. Todos sabían que las rumbas de Doña Eulogia eran de la madre. Miniteca, buenos DJ´s, curdita a montón, piscina, caney, karaoke, parrillita y full gente.
Yo no quería bajar, ya que era obligatorio el bendito disfraz y le dije a mi familia que no iríamos, pero todos me dijeron que ya estaban listos y que por favor, no los desanimara. Les dije que no tenía disfraz y mi esposa me dijo que ella se vestía con mi ropa y yo con alguna de la suyas.
Ella se puso uno de mis sacos, camisa, corbata y su respectivo pantalón. No le quedaba tan mal, ya que era como de mi talla. Yo me puse uno de sus pantalones, el cual era un bluyín de esos que vienen rellenos de nalga. Me puse una de sus blusas escotadas con esos sostenes que ya vienen casi con silicón. Mi mujer me sacó una vieja peluca castaña muy lisita. Me maquilló, tomamos a los chamos disfrazados también y bajamos a la rumba, ya un poco tarde.
Llegamos cuando la fiesta estaba en pleno apogeo, mi esposa y yo bailamos muy bien, modestia a parte, y nos divertimos de lo lindo, interpretando cada uno su papel en esa extraña noche, donde había mucha gente sin saber quién es quién.
Al ir al baño, intento cerrar la puerta, pero siento una mano que no me deja. Era mi suegro disfrazado de charro mexicano. De pronto se me avalancha encima y me abraza fuerte e intenta besarme. En ese instante le dije, ¡suegro, suegro soy yo Francisco, su yerno! ¡Mire, estoy disfrazado!, e inmediatamente me quité la peluca. Este me soltó y se fue casi corriendo.
Desde ese día, mi suegro me saluda. Ahora me habla. En estos días jugamos dominó juntos y ganamos varias manos. Mi esposa siempre me pregunta: ¿Que habrás hecho tú para haber logrado cambiar a mi papá?