07:34 p.m. | 08/02/2011 |
Reportado por: Ottmar Rodríguez

La Composición
En la etapa escolar, época en la cual las comiquitas en la televisión eran las mejores, Los Picapiedras era mi preferida. La transmitían a las 10:00 a.m y coincidían con mi horario escolar. Decidí una mañana muy hermosa con el sol resplandeciente y sin nubes, fugarme una vez más de la escuela, en esta oportunidad para ver mi comiquita. Ya en mi casa, relajado con una gran sonrisa y sin el uniforme, me instalé en la sala. Cuando mi mamá vio que estaba frente al televisor se sorprendió y me preguntó porque no estaba en la escuela. Tranquilamente le dije esta mentirita infantil:
-Mamá, la maestra dio el resto de la mañana libre para ver a Los Picapiedras y realizar una composición.
Ella, con gestos no comunes en su cara y sin decir palabra alguna, aceptó y continúo con sus labores del hogar. Yo, con aquella sensación de triunfo, me deleité viendo mi comiquita favorita. Al finalizar me fui al jardín a jugar con mi pelota, sorpresa la mía cuando mi mamá me preguntó: ¿Ya viste la comiquita? Le respondí: sí mami. Entonces, ella, seria, voz suave y autoridad dijo “bueno, realiza la composición y mañana me la traes firmada por la maestra”. Mi sensación de triunfo desapareció. Tuve que hacerla y pedirle a la maestra que me la firmara.
Para ello se me ocurrió otra mentirilla: “Maestra ayer me fui a mi casa porque me dolía la barriga pero mi mamá me mandó a realizar una composición y me pidió que usted la firmara.
La maestra con una sonrisa de picardía la firmó.