09:45 p.m. | 31/05/2012 |
Reportado por: Berenice Camacho
La despedida
El malestar de una fuerte gripe no me dejó dormir en tres días. Era sábado y yo deliraba en fiebre. Como a las 11 de la noche comenzaron a sonar muy fugaz y de manera tenue, casi imperceptibles, algunos peroles de peltre contra la pared donde estaba la cabecera de mi cama… Mi alma, soólo mi abuela materna los usaba, son muy ruidosos al caer, divagué. La improvisada orquesta de utensilios se apagó como a los 15 minutos, para retomar la sinfonía cada 20.
4 de la mañana y la agudeza de los sonidos cada vez más cercanos a mis tímpanos impedían reconciliarme con el malestar. Preocupaban…
Empapada de sudor, fui hasta la cocina; preparé un improvisado sándwich con queso blanco, pepinillos, lechuga, un vaso de leche fría y una gran taza de café El peñón para respirar mejor. Regresé a mi cama, y ya sentada, comiendo el primer trozo, escuché unos pies que se deslizaban- por no decir, raspaban- por el pasillo central.
Lo que venía era pesado, alguien caminaba con dificultad hacia mi habitación. Dejé de respirar por segundos, y de tragar, por supuesto. De inmediato pensé: ¿Por qué se escucha como si caminara sobre cemento si todo el apto tiene alfombra gruesa?
En segundos, ante mí, el cuerpo etéreo de mi abuela Maita, buscándome sin prisa. Yo, boca abierta, ojos en lágrimas, solo atiné a decir: ¡Abuela, bendición! e incliné mi cabeza esperando como siempre el Dios te bendiga mija, Dios te bendiga. Así lo hizo de forma telepática y me sonrió con una dulzura que aniquila penas y lamentos. Extendió su mano para regalarme el pañuelo donde guardaba lochas y centavos, las puyas, con las cuales compraba mi conducta de niña buena. Ella crió el volcán de mis tremenduras…
Con ese mismo pañuelo, secaba unas lágrimas necias que brotaban incesantes de ese hueco donde hace décadas un ojo latió y que perdió a sus 15 de tanto restregar la arena de playa, hasta dejarlo blanco.
Yo, agradecí el detalle. Lo recibí en mi delirio. Ella se marchó en paz.
Treinta minutos después, una llamada telefónica confirmó que su cuerpo, físico, había muerto a las 4 de la mañana, su rostro inerte y aún cálido, dibujaba una hermosa sonrisa, comentó el informante.