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07:32 p.m. | 06/08/2012 |
Reportado por: Osmán Aranguibel
La maldición de la porno
Desde pequeño siempre disfrute mucho de viajar a la costa oriental del lago de Maracaibo en el estado Zulia, primero con mis padres en vacaciones o en Navidad y después ya por mi cuenta casi siempre iba en visitas de trabajo y es que allá vivían unos tíos que en esos años trabajaban en las compañías petroleras. A eso tíos les teníamos muchas simpatías y con los que las pasábamos de lo mejor, en Bachaquero estaba mi tío Fabio junto con la abuelita que, aunque vivían solos, nos consentían en todo y nos daban todo su amor haciéndonos sentir verdaderamente felices a todos y cuando digo a todos eran todos, grandes y chicos y mira que chicos eran un pocotón; el otro era mi tío Israel en Lagunillas, su casa era un remanso de paz y tranquilidad, la misma tenía completamente bloqueadas las ventanas con láminas de metal y a punta de aires acondicionados en todos los ambientes el tiempo se nos iba sin uno enterarse si era de mañana o de noche. Con los anos las cosas fueron cambiando y aunque seguían los tíos en la empresa del petróleo, la abuelita había fallecido dejando por muchos anos al tío Fabio solo en Bachaquero, el encontraría años más tardes a una buena mujer con la que formaría una muy bonita familia, Gladys, ellos seguirían viviendo en la misma casita que la empresa años atrás le había otorgado en el campo Junín y donde traerían al mundo una nueva camada de primos hermanos. Es la cosa que ya de grande y trabajando en esa zona como viajero de una empresa que tenía muchas relaciones comerciales con la empresa petrolera llegué con mi hermano Gualberto una tarde a Lagunillas, ese día ya había terminado mis obligaciones y aunque no pretendíamos quedarnos, simplemente paramos para hacer un toque técnico como dicen para recargar las energías y una que otra meadita y salir a Maracaibo donde al día siguiente tenia pactadas unas reuniones de trabajo. Cuando entramos mi hermano y yo a la casa que siempre estaba sin seguro, nos encontramos a los primos solos y viendo en tv una película porno que recién comenzaba, esos chamos casi estaban impactados, ¡Ja,ja,ja! la película era en el formato Betamax que no era muy común en esos días, recién empezaba a difundirse en el país, ya que el VHS tenía rato regado en todos lados, los chamos apagaron esa vaina de una vez y entre expliaciones y lamentaciones nos pedían que no le dijéramos a mi tío de la vaina para que no les prendieran un peo, en fin después de un ratico mi hermano y yo salimos con rumbo a la capital del estado para evitar que nos cogiera la oscuridad en la vía, es en ese momento que mi hermano y ya rodando en la Lara-Zulia me muestra la película que recién estaban empezando a ver los primos y que en un descuido se embolsillo sin que nadie se percatara de la vaina, ¡Ja,ja,ja! que frustración para esos chamos, ¡qué bolas!, pero que más, ya no podríamos hacer nada, entrábamos al puente sobre el lago a unos 40 minutos de Lagunilla y con la oscuridad de la noche prácticamente encima de nosotros.
Al día siguiente me dediqué a mis labores y entre el calor del día y el trajín del trabajo se nos olvidó completamente la película, esa tarde nos regresamos por la vía que va a Coro donde en la península de Paraguaná tenía unos contactos de trabajo que atender, solo fue cuando llegamos a mi casa que nos acordamos de la película, pero resultó que yo tenía en mi casa era un VHS que no era compatible con el de la película, eso por más que mi hermano lo intentó no pudo ver la película, incluso recuerdo que desarmó el estuche plástico de la misma, la sacó y rebobinó en una de VHS y ni así pudimos, parecía que los primos le habían echado una maldición a la película, pues no solo ellos no la pudieron ver sino que tampoco nosotros pudimos con ella ¡Ja,ja,ja!
Treinta años después en un encuentro con los primos, el mayor me recordó lo de la porno y me dijo que esa vaina para ellos fue traumático porque después de las peripecias que vivieron para en esa época encontrar una película porno, dado lo difícil que era por los pocos betamax que existían y de las limitaciones que un menor de edad tenía para lograrlo, llegamos nosotros y se la "paleamos" sin que ellos pasaran del comienzo de la misma, ¡Qué bolas! y de la película realmente no recuerdo qué pasó con ella, aunque en lo más profundo de mi ser pienso que mi hermano cuando regresó a su casa cargó con ella y quien sabe si algún día pudo ver su contenido, aunque conociendo a mi hermano como lo conozco seguro que sí pudo, así mismo fue ¡Ja,ja,ja,ja!

OSMAN ARANGUIBEL

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