05:22 p.m. | 05/08/2012 |
Reportado por: Eduardo Barroeta

La sonrisa de la Luna
Mis ojos se centraron en la pantalla necesitaba saber si el éxito de un venezolano me contagiaría de orgullo o de igual manera celebraría una medalla de plata y ahora mi sonrisa fue cómplice del brillo que mis ojos mantenían desde hace un momento, no por el triunfo, sino por ella, Venezuela conquistaba su segundo oro de la historia.
Habían pasado 5 días desde la inauguración de los Juegos Olímpicos en Londres, y mi país ganaba su primer oro del evento, aquel miércoles en la tarde descubrí muchas cosas, desde niño siempre vi la alegría que sentían cada vez que se conquistaba alguna medalla, no sé si este tipo de logros signifiquen reflejen el progreso de una nación, en cierta forma sí lo es, pero solamente para el atleta que lo consigue, porque de lo contrario seríamos una potencia.
La antesala a esa final la escuché por radio en una tienda de artículos para el hogar, me encontraba dando vueltas en los pasillos del lugar, observaba cada detalle en los estantes, pero ya era tarde debía continuar, después me enteraría del esperado desenlace.
El centro comercial estaba igual que siempre lleno de curiosos que sólo van y miran las vitrinas de los negocios y, por supuesto, de gente que lleva la intención de gozarse el estreno cinematográfico para luego criticarlo a su manera, pero aquel día mi vista no se centró en ellos, se posó en ella y su silueta que cruzaba la esquina, no tan alejada de mí, buscaba a alguien especial, lo supe por el brillo de sus ojos y el esplendor de su sonrisa, antes de correr a los brazos del chico que la esperaba con la misma intención y la paciencia de un enamorado. Caminé un rato largo hasta que conseguí una pantalla de TV y quise descubrir el destino del esgrimista olímpico, siempre es bueno conseguir un oro, pensé, sonreí y me volteé, la vi allí esperándome, la responsable del brillo de mis ojos, la misma chica que abracé con amor, esa misma que al mirarme me regaló una sonrisa de luna.