08:47 a.m. | 14/05/2012 |
Reportado por: Pedro Méndez
Madre en el teatro Principal
Sí, en aquel teatro caraqueño que, recientemente, fue rescatado de los escombros por el socialismo y el entusiasmo del pueblo caraqueño. Resulta que, tanto al campesino como a la campesina, cuando somos “picaos” de culebra hasta los bejucos nos asustan. En tiempos de celebración de los 20 años de esa excepcional edificación teatral, la dictadura que con sus aliados de entonces, tumbó a Medina, nos hizo “tragar” por la “montaña” de concreto, huyéndole a la muerte. Madre es madre. La nuestra se acordó con la futura y nos siguieron las huellas hasta donde los esbirros no habían logrado husmear con su olfato. Madre querida, Juanita mía: esto merece un premio para las dos. Vendedor de pachulí a las sirvientas de millonarios, aun cuando un perrazo nos hizo correr con todo y monigote para simular, hemos reunido unos 30 bolívares. Vamos al mejor cine. Con temor, la madre buena acepto, sin saber cómo “es eso”. “Y si te agarran otra vez ¿qué hacemos nosotras?...”
Disfrutamos la película. Y, cuando bajábamos las escalinatas de la Plaza Bolívar, la madre temblaba de mi miedo. “Mi hijo, cuando entrabamos vi una mujer con cara de hombre, vestía con camisón igualito al mío. Y cuando salíamos, la misma mujer que se perdió en el gentío. Entonces Juanita la mía le dijo: “Tocaya, esa era usted misma. ¿No vio los espejos de lado y lado? Mujé, ¿Cómo va a sé? Y se “desternilló” de risa. Nosotros también.
Saludos a las madres de Venezuela y del mundo con ellas.