02:03 p.m. | 06/08/2012 |
Reportado por: Edilia C. De Borges

Magia de la montaña
En el transcurso de esa mañana había pasado por muchos estados de ánimo. Desde el día anterior el médico me había llamado por tlf., mi corazón se desbocó y a los rápidos latidos de mi corazón se sumó el temblor de mis manos, era tal la angustia que no entendía lo que me decía: “Mañana quiero verte, y no vengas sola, es importante. Trae a tu esposo contigo.”.
Desde la llamada no atinaba a pensar en otra cosa, esa noche y hasta casi al amanecer, mi mente dejaba correr la película y rebobinaba, lo que había sido mi vida durante dos años angustiosos, entre médicos , exámenes y medicinas. Un caos.
Me levanté muy temprano, tomé una naranja, me puse las botas y me fui a subir la montaña que tenía tan cerca, testigo y desahogo de mis inquietudes. Llegué a su cima, me senté en mi roca preferida, otee el horizonte donde ya desarropado de las nubes el sol se asomaba. Ráfagas de viento me despeinaban los escasos cabellos, oía el trinar de los pajaritos y los soterrados movimientos de algunos animalitos, que no veía, pero sabían que estaban cerca y me miraban. Mis negros pensamientos y mi angustia se fueron apagando. Estaba allí sola, pero rodeada de todo lo que amaba fuera de mi familia. Tomé con mis manos un poco de tierra suelta y la hice deslizar lentamente por entre mis dedos. Y en ese momento lo supe: “Me había curado”. Atrás quedaban todos los negros momentos ¿Cómo lo supe?, solamente al estar integrada al paisaje y ser parte de él, sentirme un ser viviente entre otros que por allí pululaban. Esto fue magia, magia de mi amada montaña me lo hizo saber. Bajé despacio, tranquilamente, el sendero hasta mi casa, ya no temía. El monstruoso pasado no volvería.