08:27 p.m. | 20/06/2012 |
Reportado por: Carmen Hidalgo
Marvin Gaye y yo
Corría el año 1974. Desde el año anterior, un tema de Soul, maravilloso y suave, sonaba con insistencia en las emisoras de radio. Yo comenzaba apenas el bachillerato, pero siguiendo el ejemplo de mi hermano, oía mucha música en inglés en emisoras como Radio Capital, donde Musiuito Lacavalerie y Tinedo Alejandro Guía hacían sus pinitos en una locución nueva, con estilo propio, refrescante y libre, íntimo, acortando la distancia entre los oyentes y el locutor. En ese tiempo escuché por primera vez el nombre de Marvin Gaye. Cuando escuché la traducción realizada por el locutor mientras sonaba la pieza, me sorprendí del poder de la letra y el efecto inmediato que causaba en mí al oírla. Prestaba mucha atención a los comentarios de los locutores. Andando el tiempo supe que Marvin consumía drogas y que tenía una pésima relación con su padre. También me enteré que su compañera de dúo, Tammy Terrel, con quien interpretó aquel legendario tema "Ain't No Mountain High Enough", había fallecido a causa de un tumor cerebral y que Marvin se había retirado del espectáculo, presa de fuertes depresiones, a causa de esta pena. Los años pasaban y seguía sin más noticias de ese hombre increíble que componía letras tan exquisitas y que cantaba con maravillosos falsetes, y que podía estremecer los cimientos sociales con su tema de cruda protesta “What´s goin on”, de 1971 y que sonaba en las radios con fuerza todavía. Viviendo mi propia vida y sus retos, no volví a saber de él, hasta cuando en 1982 surgió de entre sus cenizas, con otro éxito increíble: “Sexual Healing”. No imaginaba yo que él estaba tan cerca de encontrar la peor muerte. El 1° de abril, en medio de una tremenda discusión familiar, su padre, que había sido predicador y ministro de una iglesia cristiana, le reclamó por unos papeles de un seguro que Marvin había intentado cobrar. Marvin estaba terriblemente deprimido, pues su segundo matrimonio había fracasado. Había regresado a casa de sus padres en busca de un poco de paz y tranquilidad. Pero su adicción por las drogas lo mantenía por largos periodos dopado y sintiéndose perseguido. Se encerraba en su habitación donde miraba durante horas pornografía barata. Esa tarde, ya cerca de la una, a menos de 12 horas de cumplir 44 años, su padre accionó contra su hijo una pistola, que el propio Marvin le regaló cuatro meses antes. Según la prensa de aquellos días, al caer herido de muerte al suelo, su madre entró a la habitación para encontrar el brutal escenario. Marvin apoyado contra la cama, sentado, mientras ríos de sangre brotaban de su pecho. El padre, sentado en el suelo en medio de la habitación, con la mirada perdida y el arma humeante en su mano. Con aquella bala atroz, que atravesó su pulmón izquierdo bajo la axila, el corazón, el estómago y finalmente su intestino, Marvin padre catapultó a su hijo a las estrellas para brillar más que ellas mismas por toda la eternidad, lo convirtió en leyenda inmortal. Cuando me enteré de esa horrible noticia lloré mucho; más aún, yo acababa de perder a mi padre siete meses antes y estaba realmente muy sensible. Pero no fue sino hasta 2005, cuando tuve la suerte de tener Internet que pude regodearme de toda la literatura posible acerca de Marvin y de su vida, de sus tragedias y alegrías y de su caída indetenible en la autodestrucción. Marvin llevó una vida triste, con pocas alegrías. No tuvo muchos amigos que le ayudaran a ver lo valioso y querido que era. Sólo aprovechados le buscaban para aprovecharse de su buen corazón. Nunca tuvo la bendición de su padre, sino con su odio. Desde niño recibía brutales palizas diarias y era calificado de demonio tan sólo por querer ser cantante. Marvin se debatió toda la vida entre opuestos: el fracaso y el éxito, el amor y el odio, la humildad y la rebeldía, la aceptación y negación, la verdad y la mentira. Si alguien quiere de verdad saber lo que las drogas pueden hacer de alguien, le invito a que se asome y husmeé un poco en la vida de este ser que fue maldito y bendito, y tal vez pueda valorar más su vida y alejarse de este terrible mal social.