03:08 p.m. | 15/06/2012 |
Reportado por: Bruno Ortega
Mi padre
Sentado sobre un tronco tocando un acordeón a los seis años, es la imagen en blanco y negro que muestra su afición por la música, creció entre el horno y la chatarra que se fundía para crear piezas de hierro colado. La mecánica fue una de sus aficiones, se hizo el mejor chofer de la época y luego de llevar tantos pasajeros terminó por convertirse en comerciante, aunque su corazón continuó viajando en autobús. Con su pelo e guama y su mercancía recorrió todo el país, fumaba pipa y tabaco. Jovial, jocoso y bailador disfrutó las ferias de San Sebastián, La Chinita y las del Sol. Asiduo lector tanto de historia como de actualidad, se sabía de memoria las preposiciones, trajo a la casa el primer audiolibro del que se tenga registro, era un disco de acetato de 33 revoluciones con la historia del Flecha. Nos enseñó que una letra en la placa de los carros indicaba su estado de procedencia. Con seis disparos sembró las semillas sobre dos terrenos fértiles, y de estas tierras brotaron siete profesionales, ni uno solo se perdió. Amante de la tecnología fue uno de los primeros usuarios del MicroTAC 9800. Después de tanto viajar con su quincalla, retornó a su autobús y sus pasajeros, podría decirse que el autobús acabó con él, por su puesto la diabetes hizo su parte. La lucidez fue su fiel compañera hasta el último momento. Sus enseñanzas han sido la mejor herencia. En los carnavales de 2001 lo llevamos hasta el mirador y lo despedimos con los corraleros.
Bruno Ortega
borte01@gmail.com