10:41 p.m. | 05/04/2011 |
Reportado por: Ninfa Monasterios Guevara
Relato de un elefante que ponía huevos...
Eran tiempos de brisa fresca y cálidos rayos de sol. En el patio de algunas casas, las gallinas, los patos y otros animales se refugiaban a la sombra de las matas. Las niñas y los niños, sin prestar mucha atención a la inclemencia del astro rey, jugaban a las carreras, en medio de las calles de tierra, persiguiéndose y tumbándose, hasta rodar y quedar tapizados de camino, como los sabrosos aliados de Doña Bertilia.
Uno de esos días, las chicas y los chicos, se sorprendieron al ver una gran estructura en un terreno baldío del caserío. ¡Era una carpa de circo!
Mientras…, en una urbanización cercana a la capital, un grupo de niñas y niños también jugaban y se entretenían, corriendo por el parque, persiguiendo y lanzándole piedras a las iguanas. Sus madres y algunos padres, indiferentes a lo que hacían sus hijos e hijas, conversaban sentados en los bancos. La mayoría se veía agobiada de calor y de vivir a las carreras. Pero, creían ser felices… cada quien a lo suyo… Sin alimentar sueños, ni ilusiones. No podían permitir que viniera cualquier circo a ofrecerles elefantas que pusieran huevos…Faltaba más!
Pasaron unos días y, en el pequeño caserío, había un gran revuelo por la inauguración de las funciones del circo. La elefanta, era la estrella principal de aquel entablado de sueños. Era promocionada por sus dotes en el manejo de las pelotas, por bailarina y... por poner huevos!!! Este último atributo, era muy difícil de creer para la mayoría de la gente. Sólo las niñas y los niños, en su inusitada inocencia, tenían esperanzas de ver ese prodigio.
Y anocheció! En el interior de la Gran Carpa, la gente del pueblo iba ocupando los pocos lugares que quedaban y disfrutaban en familia, de este espectáculo llamado “Circo Corazón Adentro”.
En la mañana del día siguiente, casi simultáneamente, se inauguraban dos CDI. Uno en el caserío y otro en la urbanización capitalina. Mientras, en el caserío, escondidos entre las lonas del circo, las niñas y los niños observaban el milagro: la elefanta al levantarse de su lecho, dejaba un hermoso huevo cristalino, transparente como sus sonrisas, azul como el horizonte infinito y grande como la esperanza que ahora vivía en sus corazones. Pero, se guardaron el secreto. La gente grande quizás no les creería lo que habían visto!
La elefanta… siguió con su paso lento, acompasado, recorriendo el patio. Y en sus ojos, se vislumbró la picardía de quien sabe esperar y construir…