01:10 p.m. | 15/06/2012 |
Reportado por: Juan Carlos Vannini
Una experiencia como papá
Definitivamente uno no deja de ser padre jamás, pero a veces son tus hijos los que te enseñan cosas que no olvidas. Un domingo subiendo al Ávila por la quebrada de Pajarito, (camino que por veces transitado "conocía muy bien"). Todo "orgulloso" le contaba a los morochos, (Andrés y Daniel) y a Juancho mi hijo mayor, todas las aventuras, días y noches (en aquella época podías quedarte en Los Venados sin problema), las subidas por La Julia, Lagunazo y Las Toyotas, hasta Naiguatá, el "chorro" de quebrada Quintero, donde hacíamos competencia de tiempo soportando agua helada...y todo un discurso de cómo prepararnos, qué es importante llevar y principalmente tratar de no inventar por trochas nuevas o tomar "atajos" no conocidos, so pena de perderse. Llegando a la parte alta de Pajarito pasas el tramo de la cueva y llegas a quebrada Quintero -les dije-. Cuando noté que subir por la roca de la "cueva" no sería tarea fácil ya que el árbol que servía de ayuda para escalar, no estaba. Buscando otro camino, rodeando la gran piedra caminamos aprox. 30 minutos por una trocha poco transitada, nada conocida que cada vez se hacía más intrincada, fue cuando me di cuenta: 1- que ya era de noche y 2- que aunque me costaba decirlo y creerlo no tenía idea de dónde estábamos. Papá -me dice Juancho- no estamos como dando vueltas, a lo que le contesté entre molesto y asustado, "tú crees que yo, luego de subir no sé cuantas veces por este camino, dormir en el Ávila, y llegar hasta a bajar con linterna no sepa donde estoy". A lo que mi hijo contestó con un tono, mucho más sereno que el mío- papá estamos perdidos, pero sígueme yo sé salir- entre dubitativo y nervioso los tres lo seguimos, y cuál fue mi sorpresa cuando en menos del tiempo transcurrido en perdernos, Juancho consiguió el camino de regreso bajando por la quebrada. Hijo, ya te conocías el camino, pregunte. A lo que contestó todo orgulloso, no, sólo te escuché todo el camino y usé uno de tus consejos: si se pierden escuchen el agua y busquen el río es la mejor forma de salir.
Moraleja "no crean que los hijos no oyen, aunque parezcan dispersos, siempre están pendientes de saber más y descubrir cosas nuevas.