09:45 a.m. | 10/08/2012 |
Reportado por: Jaime Ramírez
Vendiendo sueños gitanos
Había una vez un niño de los muchos que hay en la ciudad de Caracas específicamente en la calle Unión, Sabana Grande. Su trabajo consistía en repartir víveres a los diferentes clientes de la zona, combinado con el despacho y "falando" portugués con los dueños del negocio, Julio y Arturo, buena gente ese par de lusitanos. Al despacho llegó una viejita de cara muy arrugada, muy delgada, con una pañoleta azul en la cabeza y un vestido largo gris solicitando una compra de alimentos para comer, pero casi sin dinero en sus manos y también una garrafa para llevar kerosén, esto último no lo había, pero le dijeron dónde debería comprarlo, los alimentos sí los pagó ayudado por los dueños del abasto. Unión era el nombre del negocio de los portugueses que estaba muy cerca de la av. Casanova. Al terminar la compra el niño la ayudó con los alimentos a la vivienda de la ancianita donde es ahora el gran hotel Meliá Caribe. En esa época eran terrenos baldíos y me invita a pasar a una carpa donde ella vivía y luego de conversar algunas cosas sin trascendencia, casi al irme, me manifiesta si tengo una moneda para leerme la mano. "Sí creo que sí", le digo. Le doy una moneda y le extiendo la mano, ella comienza a explicarme mi larga vida y algunos logros de mi conducta a futuro, al terminar la sesión le digo que quiero leer su mano. Ella me mira a los ojos y me extiende su mano; observo muchos surcos profundos pienso en signos,estrellas,planetas caminos truncados en toda su palma, cruzados unos con otros y le señalo con mi índice posando en esos surcos de la vida llevados por los años de trabajos duros en su largo caminar y le digo desde lo más profundo de mi corazón que le va a ir bien, muy bien, vas a tener muchas cosas bonitas, vas a viajar por países distintos y lugares diferentes y tendrás........ miré su cara cuando hablaba de esto porque sus ojos brillaban de alegría y aprendí en ese momento que siempre hay un nuevo aliento para seguir viviendo,porque yo sin saber nada de esto le vendí un sueño gitano. siendo también los míos.