“Mi viejo Central Azucarero Tacarigua”

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Víctor Mendoza.-Te observé sentado al frente de mi también vieja Bomba de Gasolina, en donde nací y pasé mis primeros años de mi vida, con tu inmenso torrejón blanco sin ver salir el humo, que cuando había la Zafra expedía y al lado del viejo Cerrito, en donde está el ingenio y las casas que habitaban gerentes y jefes del viejo Central desde Gómez y Pimentel.

Te veo y te siento callado, ya no veo moverse la vieja grúa amarilla, al cargar el inmenso bulto de caña de cada camión que venían de los campos al ingenio Azucarero que pasaban en hilera por la vieja Romana.

Ya no escucho el ruido del trapiche triturando con sus gigantes masas de hierro a la caña, para sacarle el guarapo que recorría por el corazón del Central hasta llegar a las calderas para convertir el Ciro en la famosa Azúcar Clarita.

Ya no escucho el pito a vapor que sonaba a las 5:00 de la mañana, era el gran despertador de toda la gente del pueblo para los diferentes quehaceres del día, ya no siento el olor a melaza que caía en el gigante tanque de cemento que en el frente del Central está.

Ya no veo los pequeños autobuses que traían y llevaban a los trabajadores de Valencia Güigüe y Boquerón, ya no veo a los centenares de trabajadores entrar y salir del viejo Azucarero en los cambios de guardia de trabajo, ni los veo en el Bar Mi Tesoro con la vieja Rokola, alegres y celebrando con el juego de Bolas Criollas todos los 16 de Julio de cada año, ese día de la Virgen del Carmen Patrona del Central Tacarigua.

Ya no veo a los viejos barberos de mi pueblo Bachaco, Damián y el viejo Manomon Tari, solo veo la vieja locomotora que arrastraba los vagones llenos de caña hasta el Central, encima de dos pilares de cemento llevando agua y sol en el tiempo; tan sólo veo y escucho el triste trinar de una paraulata, posada en una viga de hierro dentro de mi viejo Central Azucarero Tacarigua.

Ya no veo a las mujeres y hombres sembrando la Caña de Azúcar con su hermoso verdecer y sus espigas con su copo de oro al resplandor del sol, ya no está el caño que con sus aguas enfriaban las calderas y cuando joven en carnaval y semana santa eran las playas de la gente en la famosa arenita, ya la mayoría de esta gente se fueron, se marcharon para nunca más volver al viejo Central.

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